lunes, 2 de junio de 2014

Editar es volver a dirigir

Tras la agotadora fase de rodaje, que sólo duró tres días (ya lo había dicho, pero me costó tanto trabajo que quiero enfatizar este logro), me 'desentendí' de todo el material recabado durante una semana para digerir la locura. Luego de ese "asueto" volví a la computadora para tratar de desenredar la enorme madeja de archivos de video y de audio.

Debo confesar que más que el guión, mi salvación fue la precaria lista de escenas que durante el rodaje perdí y encontré por lo menos 40 veces. Ese montoncito de papeles fue el que terminó salvándome la vida y dándole forma a la película.

Fueron horas interminables para ir desentrañando los misterios de tantos clips para irles dando nombre y colocarlos en el orden que no parecía existir. Dicho sea de paso, bendita sea la claqueta!

Dejé pasar demasiados días para tener toda la lista de clips terminada y dar paso a lo que ya me andaba por abordar: la edición.

Sorpresa... Enfrentarse al proceso de edición es volver a dirigir a los actores, volver a arreglar la iluminación, cambiar diálogos y modificar la fotografía. También es decirle adiós -no con poco dolor- a escenas y tomas que se veían estupendas pero que no ayudaban en nada a la historia.

Cuando terminé mi primer corte el resultado distaba mucho de ser lo que pretendía. Era casi una hora y no tuve más remedio que comenzar a aplicar tijera para despedirme de montones de frases divertidas y chistes privados para dejar sólo lo importante.

Luego vendría la parte de los efectos, pero eso, claramente, es otra historia...








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